A lo largo de toda la historia colonial el rey de España fue la autoridad
suprema. En la época de la conquista de México el monarca en quien recayó la
responsabilidad efectiva del gobierno fue el emperador Carlos I de España y V de Alemania. Su política fue fundamentalmente absolutista, es decir, concentrando en la corona poder
absoluto, de manera que la voluntad real no tenía límites legales y constituía
la ley suprema.
La base política de la colonia la formaban los cabildos, instituciones municipales que en su día constituirían la base de los movimientos emancipadores.
El cabildo americano era un
organismo dedicado al gobierno de las ciudades de la América hispana. En teoría
estaba elegido por los vecinos, pero estuvo muy mediatizado por los virreyes.
Tenía carácter colegiado y estaba basado en el modelo español de
ayuntamiento o cabildo castellano medieval. Cada cabildo estaba constituido por
un conjunto de vecinos elegidos por sus conciudadanos cabezas de familia, que
en la mayoría de los casos fue sólo un planteamiento teórico. Estaba formado
por de 6 a 12 regidores y dos alcaldes mayores.
En el campo de la arquitectura
se levantaron edificios religiosos y civiles utilizando estilos como el gótico,
el plateresco, el barroco o el churrigueresco. Fueron construidos conventos,
iglesias, catedrales y palacios en prácticamente todas las ciudades coloniales
importantes. Algunos ejemplos de ellos son la Catedral Metropolitana de la
Ciudad de México, el Palacio de Gobierno de Michoacán, la Catedral de Puebla y
el Templo de Santa Prisca en Taxco, entre muchos otros.

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